Cada uno en una silla, sin
creer que se conocen, juegan a la fantasía de hablar con sus ojos, con su
mirada, con eso que va mas allá que todo lo demás, ellos querían lograrlo. Arreglaron
un horario, eligieron un bar, y atuendos completamente diferentes, la cita era
a las 17:00, una casa de té, Palermo, llegó el más temprano que ella, raro, ella
siempre era puntual, se sentó en una mesa simple y se dispuso a esperarla. Ella
apareció por la puerta, se sentó en otra mesa y pidió un té, empezaron a cruzar
miradas, algo extraño sucedía y Yo era la única que podía ver eso, no podía
creer que no separaban sus ojos, había una mesa de por medio, pero sin embargo
a ellos no les molestaba, pasó una hora con algunos minutos impares y de pronto
ella volvió a mirarlo, dejó dinero sobre la mesa y un papel con una calle, o al
menos eso creo, levantó la vista, miró hacia la ventana de un día nublado y
retornando sus ojos hacia él, le dijo:-“Yo también”… de pronto se levantó y se
fue del bar. El pagó la cuenta de sus pedidos y fue hasta la mesa de ella, con
cierta prisa, debo reconocerlo, tomó entre sus manos el papel escrito, y también
tomó una flor que había en la mesa, salió a la calle, la buscó y ya no estaba,
se había ido, la había perdido, era un día gris, estaba a dos instantes de
llover, había luces en la calle y todo el mundo en su mundo, el caminaba por la
calle corta, con el papel y la flor en su mano, de pronto comenzó a llover, era
una cortina de agua sobre su alma, no había vuelta atrás, dejó caer el papel y
siguió su camino. Corrí despacio a buscar el papel, tenía letra cursiva, y
perfume dulce, entre mis manos sus palabras, salían de mi boca:-“Te Amo”, grité
con mi mejor voz, y el volteó, como sabiendo que no había nadie más, corrió
hacia mí y me abrazó, dándome la flor, cayendo la lluvia sobre nosotros, había
pasado un año de ese extraño encuentro, y ahora estábamos en la lluvia, nosotros,
el papel y la flor, como antes.
Cαmou#
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